reviews / theater

“There is only authenticity here” Raúl Hernández Garrido about PETRA Y CARINA

(In Spanish)

https://ovejasmuertas.wordpress.com/2017/03/25/historia-de-dos-relato-de-uno-petra-y-carina-de-mar-gomez-glez-con-direccion-de-sandra-dominique/

HISTORIA DE 2, RELATO DE 1: “PETRA Y CARINA” de Mar Gómez Glez con dirección de Sandra Dominique

Teatros Luchana., Sala 4. del 31-mar al 28-abr 2017

http://teatrosluchana.es/cartelera/petra-y-carina/

Paula Poncea (Petra) es una actriz morena, pelo rizado, con curvas, una chica con aspecto inteligente que viste discretamente. Toca el piano de forma más que apreciable. Su rostro despierta seguridad. Fabia Castro es una chica delgada, de cuerpo estilizado y que desprende un gran atractivo. Es rubia, con pelo lacio y rasgos afilados. No se parecen en nada físicamente. Su personajes tampoco. Petra es ambiciosa, comedida, inteligente, tiene que calcular cada uno de sus pasos. Es ingeniera de profesión Su personaje no tiene problemas económicos y trabaja como desarrolladora de apps de relaciones íntimas, que pretenden calcular para el usuario la mejor pareja de las disponibles midiendo sus variaciones fisiológicas a través del móvil. Carina es explosiva, un volcán a punto de estallar, pero con unas ansias tremendas de verdad. Dice que se enamora por el coño pero realmente entrega su piel. Vomita la vida con la misma ansia que se la traga. Da todo y pide más. Derrocha su energía en cada paso y quisiera no entender nada más. Vive la calle y trabaja cantando en un bar. Aspira a cantar y se deja llevar por su fibra emocional. El programa de mano resume la obra muy bien: se encuentran, se cruzan, se besan, se manipulan…

La obra salta inconcebiblemente en el tiempo. SI el futuro es hoy, el día de la representación, el arranque de todo fue hace un par de años, y el desenlace será dentro de tres. Las escenas no siguen orden cronológico alguno, empiezan en algún momento más allá de la ruptura. El primer encuentro no es una de las primeras escenas. El tiempo de la relación no se mide, es eterno. Porque en ese tiempo, como afirma Petra en su monólogo inicial, tras la ruptura, viven el amor y el desamor. Podríamos reconstruir la trama de esta miríada de escenas, pero no importa tanto como el plantear si es posible ese encuentro de dos personas y qué significa tener a otra persona junto a ti. Los pequeños gestos, las palabras, el día a día, ocupan la escena, concentrada en esos dos cuerpos, en esos dos personajes. Al final, en el intento del amor, vence algo mayor que el amor. El yo, el uno mismo. ¿Podemos darnos a otros, o a final me debo más a mí mismo. El amor es imposible, excepto como herida. Pero vamos a intentarlo de nuevo.

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La escenografía es tan escueta como precisa. Es el espacio de Petra, la casa de ella, tanto en Formentera como en Madrid. Un panorama neutro cubre el fondo de la escena en el que se suceden los cambios de color. Puede que haya una clave en cada cambio, pero es más importante la desestabilización de esas transiciones, que hablan de esa pareja que a cada paso que se consuma crece y al mismo tiempo se destruye. A un lado del espacio, un saco de boxeo, al otro perchas con ropa. Dos caras de un personaje, lo que es y cómo se da a los demás. La dureza que la lleva a imponerse y lo que reserva para el que viva a su lado. Un retrato warholiano que repite 4 veces su imagen, en una entronización del yo, ocupa el centro del espacio. Y bajo él, presidiéndolo todo, una cama grande, blanca. Inmensamente vacía. Un apartamento comprado para una ex. Ninguna nueva pareja podrá llenar esa cama. La nueva será la ex de la siguiente pareja que le suceda. La eternidad de ese desamor que se mezcla con el amor sigue expresándose de esta manera en el espacio, como ocurría con el tiempo.

En “Petra y Carina” no hay personajes buenos ni malos. No nos engañemos. Al elegir caracteres tan diferentes no hay ningún maniqueísmo, sino lo que se destaca es la soledad que hay en cada uno de nosotros, en todos, sin excepción. Buscamos el amor, pero al final nos quedamos con nosotros mismos, y ninguna app o juego psicológico nos ayudarán. Y pese a eso, momentos de besos, de encuentros, de cruces. De ternura inmensa, como esa escena, tantas veces planteada en otros sitios, en que Petra diseña la presentación de una comida de trabajo y Carina se pone un vestido para ir con ella que Petra censura con esa palabra: puta. Nada puede sofocar el desgarro de Carina, que se somatiza en enfermedad. Y entonces, la reacción mágica, asombrosa. Petra la toma entre sus brazos y la lleva en volandas a la cama. Momentos como estos hacen falta entre tanta falsedad como la que abunda en nuestro teatro. Magnífico.

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No voy a decir que las actrices tienen una gran interpretación. Afortunadamente, no. No se postulan para el Max, o para el premio de la Unión de Actores. Se nos ofrecen cercanas, sinceras, no les hace falta demostrar lo grandes que son como actrices. Gracias. Por dar así un pedazo de corazón y de carne y de piel. Gracias por no ocupar una mesa de candidato en los Max y dar tanto sobre la escena.

Esto es Petra y Carina, y muchas cosas más. No esperéis encontrar un espectáculo epatante. Aquí sólo hay verdad.

RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO

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